miércoles, 17 de febrero de 2016

CURSO SUPERIOR DE SINTAXIS ESPAÑOLA

Aprendemos el lenguaje desde niños por imitación de las personas que nos rodean. Dentro del lento proceso adquisitivo del sistema de hábitos expresivos que constituye nuestro idioma, los fenómenos sintácticos se caracterizan por la mayor lentitud de su desarrollo en la conciencia individual. En condiciones normales, después de una etapa de balbuceos, el niño consigue relativamente pronto articular las palabras que va necesitando para sus relaciones con los demás, y no es menester que aprenda muchas para adiestrarse en todas las articulaciones fonéticas de su lengua nativa. Desde este momento el aprendizaje del léxico, que con velocidad decreciente durará hasta la vejez, no es más que adición de elementos, repetición y formación de asociaciones. La flexión es ya una relación sintáctica entre voces mentalmente contiguas, procede por analogía, y entre los niños de nuestra lengua comienza con la distinción del número, del género y de las formas verbales del imperativo y el presente, sigue luego el pretérito perfecto, reducido al participio como forma general del pasado, mucho más tarde se consolidan el futuro y el condicional, las formas compuestas -con excepción de he cantado- son tardías por lo general. Las primeras palabras del niño tienen carácter sintético, son expresión de vivencias indiferenciadas en sus elementos, equivalen a frases, oraciones y períodos. A medida que aprende a diferenciar elementos más o menos complejos del contenido de sus vivencias ya traducir los resultados de su análisis incipiente en dos o más palabras sucesivas, aparecen los primeros sintagmas del lenguaje infantil. La relación entre las palabras mentalmente conexas no conoce al principio más medio de expresión que la sucesión, su procedimiento es enumerativo, el orden de las palabras.



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