viernes, 8 de enero de 2016

MÚSICA, CURSO DE LECTURA ELEMENTAL

La lectura, aislada de la técnica instrumental, aporta algunos beneficios de gran importancia para la formación del estudiante de música. Entre otros, crea una relación directa entre vista y oído sin las inevitables -y necesarias- asociaciones musculares que surgen de la práctica instrumental, lo cual permite el desarrollo de los diferentes aspectos de la audición interna, e introduce al alumno en numerosos problemas de notación que va a encontrar en el estudio de su instrumento. Este libro intenta satisfacer, por lo menos, los dos objetivos mencionadas dentro del nivel elemental que expresa su título.
El "Curso de Lectura Elemental" fue editado por primera vez en 1977. Se basó en el material escrito por Barbara Wesby y Roger Wesby para el Programa Juvenil de la Orquesta Sinfónica Nacional de Costa Rica, el cual, después de la incorporación de Diego Díaz fue, entre los tres, seleccionado corregido, completado y organizado para su publicación, se adaptó, asimismo, a las necesidades del primer año de la Escuela de Música de la Universidad Nacional.
En 1981, después de cuatro años de empleo en varias instituciones del país y convencidos de que la experiencia contribuía con eficacia a llenar un sorprendente vacío en materia de textos para principiantes, los autores dieron a conocer la segunda versión. En ella modifican parcialmente la estructura general, se afirmaron en varias ideas más o menos polémicas y subsanaron los errores y omisiones de los que habían tomado conciencia.
En esa segunda versión, utilizada ahora también en el extranjero, la que hoy se edita nuevamente. Los resultados de su uso señalan que el contenido del libro ha mejorado con los cambios y sirve mejor a los fines propuestos.
Una de las particularidades del libro es la rápida progresión de las dificultades. En realidad, la lectura debe de ser, en la mayoría de los casos, consecuencia de una práctica previa en la que cada nueva dificultad será primero percibida corno fenómeno, luego imitada, entendida racionalmente (de acuerdo con la edad de los alumnos) y tal vez leída en ejercicios introductorios confeccionados por el profesor, para recién entonces ser encarada en las lecciones correspondientes. Queda aún una etapa posterior, la del reconocimiento y la escritura de la dificultad a través del dictado, a la cual debe asignársele mucha importancia y que, idealmente, debe acompañar el avance de la lectura.



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