lunes, 25 de enero de 2016

LOS 12 PRINCIPIOS DEL CEREBRO

El Dr. John Medina, biólogo molecular de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, nos lleva por un fascinante viaje hacia el interior del funcionamiento de nuestro cerebro. Aunque el cerebro es el centro de todas nuestras actividades diarias, y es el órgano que esencialmente nos hace diferentes del resto de los seres vivos del planeta, en realidad sabemos muy poco de su funcionamiento, incluso los médicos. Recuerdo mi rotación por Neurología, y esencialmente fue como un paseo por el lado desconocido de la Medicina, en dónde todo se sigue investigando y es poco lo que podemos afirmar con certeza.
Sin embargo, el Dr. Medina establece que se conoce bastante del funcionamiento del cerebro, y escribió este libro con el propósito de divulgar dicho conocimiento, y las posibles aplicaciones que le podemos dar en la vida diaria, rompiendo en el camino varios paradigmas sobre el aprendizaje, la productividad, entre otros temas diversos.
Presenta la información de manera muy concisa, a través de 12 principios que él llama “Reglas del Cerebro”, que son las cosas que sabemos con certeza, para las cuales ya existe evidencia, y sus posibles implicaciones. Para cada regla, presenta la ciencia detrás del principio, y ofrece ideas de cómo la regla puede ser aplicada en nuestra vida diaria, particularmente en la escuela y en el trabajo, dos de los actividades más fundamentales, y que consumen más tiempo, en nuestras vidas.
Algunas de estas ideas son:
No estamos acostumbrados a sentarnos 8 horas diarias en un escritorio. Desde una perspectiva evolutiva, nuestros cerebros se desarrollaron mientras hacíamos mucho ejercicio, como caminar hasta 20 kilómetros diariamente para encontrar comida. Es por esto que el ejercicio favorece la actividad del cerebro (Regla #1); las personas que ejercitan constantemente tienen mejor desempeño en cuanto a memoria a largo plazo, razonamiento, atención y resolución de problemas que los sedentarios. En base a esto, sería lógico integrar tiempos para hacer ejercicio dentro del horario laboral, ya que el resultado esperado sería mayor productividad de los empleados.
Nuestros cerebros son anatómicamente similares, pero funcionan diferente (Regla #3). Las conexiones (sinapsis) entre nuestras neuronas son únicas y exclusivas de cada persona; consecuentemente, todos pensamos y aprendemos de forma diferente. No tiene sentido enseñar de la misma manera a una clase de 20 estudiantes, ya que cada uno aprende de forma diferente. La educación debería ser individualizada y daría mucho mejores resultados en cuanto a retención y aplicación del conocimiento, a diferencia del método estandarizado que rige la educación moderna.
Necesitamos descanso regular para pensar bien (Regla #7). No existe un consenso en cuanto a cuántas horas debemos dormir diariamente, y esto puede ser variable de persona a persona. Sin embargo, es un hecho que si no dormimos el tiempo adecuado, nuestros cerebros pierden capacidad para procesar información y realizar sus funciones. Por esta razón, desvelarse para terminar un proyecto o estudiar para un examen nunca dará los mejores resultados; es mejor dejar descansar a nuestros cerebros, a través del sueño, para reiniciar con toda su capacidad. Incluso una siesta corta a medio día, como se acostumbraba en algunos lugares hace tiempo, mejora la productividad vespertina, tanto de estudiantes como de trabajadores.
Y los “terribles dos”, cuando los niños cumplen 2 años de edad y las mamás los quieren aventar por la ventana de lo mal que se comportan, en realidad no son actos de rebelión, sino el deseo incontenible de los pequeños por explorar y conocer el mundo que los rodea. Todos somos exploradores y curiosos naturales (Regla #12), y buscamos saciar nuestra sed de conocimiento del mundo, lo cual sólo es posible a través de la exploración.
El Dr. Medina dice que, aunque todavía se desconoce mucho del funcionamiento de nuestros cerebros, nuestra historia evolutiva nos habla de que parece estar diseñado para resolver problemas de supervivencia en un ambiente inestable y en constante movimiento. Concluye que la evidencia indica que, si quisieras crear un ambiente educativo el cual fuera exactamente opuesto a uno donde el cerebro se desempeña de la mejor manera, crearías un salón de clases; y de la misma manera, si quisieras crear el peor ambiente laboral para nuestro cerebro, crearías una oficina, o quizá un cubÍculo. Si quieres que las cosas cambien, tienes que destruir ambos, y volver a empezar.



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