viernes, 25 de diciembre de 2015

INTELIGENCIA EMOCIONAL INFANTIL Y JUVENIL

Hace poco le pregunté a una madre qué tal le iba a su hija en el colegio. «Bien, dijo, se le dan bien las matemáticas y muy bien la lengua pero mucho mejor la inteligencia emocional».


Años atrás esta conversación no se habría producido. En 1993 Linda Lantieri y yo, junto con un pequeño grupo de colegas con ideas afines, fundamos Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning (CASEL, Colabo­ración para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional). Entonces trabajábamos con unos cuantos programas en los que aparecía el «aprendizaje social y emocional» (Social and Emotional Learning, SEL), la enseñanza sistemática de la in­teligencia emocional en las aulas. Estos programas añaden a la jornada escolar normal un plan para gestionar la vida: mejo­rar la autoconciencia y la confianza en uno mismo, dominar las emociones y los impulsos perturbadores, y aumentar la empatía y la colaboración.

Linda dirigía Resolving Conflict Creatively (Resolución Creativa de Conflictos), uno de estos programas que ya se aplicaba en cientos de escuelas para luchar contra las cre­cientes tasas de violencia. Muchos de los primeros intentos de aprendizaje social y emocional en los colegios se desarro­llaron para combatir este problema: el consumo de alcohol y drogas en los adolescentes, el abandono escolar, los em­barazos no deseados y otros peligros de la adolescencia. Cuan­do la W. T. Grant Foundation, patrocinó un estudio sobre estos programas para descubrir por qué eran eficaces (y otros no), la enseñanza de habilidades sociales y emocionales re­sultó ser un componente crucial.

Desde que Linda y yo empezamos a trabajar, el aprendi­zaje social y emocional se ha extendido a decenas de miles de escuelas a lo largo del mundo y continúa creciendo. En este crecimiento ha influido mi libro Inteligencia emocional, publi­cado en Estados Unidos en 1995, que sostiene que los estu­diantes estarán más dotados para la vida si en su programa de estudios, además de los fundamentos académicos, se inclu­ye una preparación en los fundamentos de las habilidades so­ciales y emocionales. A lo largo de la vida resultan esenciales una mayor autoconciencia, una mejor capacidad para dominar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interper­sonal; pero los cimientos de estas aptitudes se construyen en la infancia.

La neurociencia nos enseña que el cerebro del niño ex­perimenta un enorme crecimiento y no se detiene hasta la mi­tad de la veintena. Los científicos lo denominan neuroplasticidad y significa que el modelado de los circuitos cerebrales durante este periodo de crecimiento depende, en gran medi­da, de las experiencias diarias del niño. En esta etapa, estas influencias ambientales sobre el crecimiento del cerebro son particularmente poderosas para configurar sus circuitos neuronales sociales y emocionales. Por ejemplo, los niños que han sido bien educados y cuyos padres les ayudan a tranquilizar­se cuando están nerviosos parecen desarrollar mayor fortale­za en los circuitos cerebrales para dominar la angustia; si sus padres no les atienden es más probable que actúen siguien­do impulsos agresivos o que tengan problemas para tranqui­lizarse cuando estén alterados.

Los buenos padres son como los buenos profesores; al ofrecer una base segura, los adultos responsables de los niños pueden crear un entorno que permita funcionar a sus cerebros al máximo rendimiento. Esta base se convierte en un refu­gio seguro, un ámbito de fortaleza desde el cual aventurarse a explorar, para aprender algo nuevo y para alcanzar metas. El niño puede interiorizar esta base segura si se le enseña a do­minar mejor su ansiedad para que pueda concentrar mejor su atención. Esto también potencia su capacidad para lograr un entorno óptimo para el aprendizaje.

La manera más eficaz de que todos los niños obtengan las mejores lecciones del corazón es que éstas formen parte de la jornada escolar y de la vida familiar.
Ficha:
Título: Inteligencia emocional Infantil y Juvenil
Autor: Linda Lantieri y Daniel Goleman
Editorial: Aguilar
Formato: Pdf
Páginas: 175
Tamaño: 63,7 Mb


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